Evaluación de programas

Definición del propósito de la evaluación
La determinación de los propósitos de la evaluación servirá para determinar la mejor  forma de llevarla a cabo. La evaluación puede tener uno o más propósitos.

El propósito primario es verificar si el resultado del programa fue el esperado. No obstante, los propósitos secundarios pueden incluir determinar si hubo cambio de comportamiento (mayor uso de servicios de salud, educación, cumplimiento de normas de tránsito) o si es eficaz la capacitación de los beneficiarios y si el programa es aceptable para los participantes. En este caso, la evaluación deberá ser multifacética.  De acuerdo al propósito las evaluaciones pueden ser:
  • Evaluación de procesos
  • Evaluación de resultados
  • Evaluación de impacto

Para la definición del propósito de la evaluación, es esencial involucrar a todos los actores en el proceso de evaluación desde la etapa de identificación de necesidades hasta la definición de los objetivos.

Por otro lado, la evaluación persigue, emitir  juicios de valor sobre un programa, pero estas atribuciones de valor no se orientan a enjuiciar la actuación de los diferentes actores del programa, sino que persiguen identificar y analizar las razones que hacen que el programa se desarrolle más o menos satisfactoriamente, incluyendo las dificultades previstas o imprevistas que entorpecen el cumplimiento de los objetivos del programa: contribuir a la toma de decisiones acerca de la puesta en marcha, la continuidad, la expansión, las modificaciones y la acreditación del programa; obtener apoyos externos para el programa y, por fin, comprender los procesos psicológicos y sociales básicos que explican los logros y los fracasos del programa, contribuyendo así a la puesta a punto de estrategias viales de intervención psicológica y social.[1]

Selección de la metodología de evaluación[2]
El uso de una metodología u otra para la evaluación de un programa dependerá de los  propósitos de la evaluación, del estado de madurez del programa, de los recursos disponibles, de los intereses y necesidades de los patrocinadores y  evaluadores y del medio político y organizativo del programa. De modo que, cuando un programa está desarrollándose, el estudiar su eficacia mediante un diseño experimental carece de sentido puesto que pasaría de por alto detalles sobre los procesos y los contextos; y utilizar los métodos cualitativos, en exclusividad, puede no ser lo más adecuado para valorar la eficacia de un programa de amplio alcance, elaborado para aplicarlo a toda la población de un país.

En ese sentido, el diseño de la evaluación es una estrategia o secuencia de decisiones acerca de cómo recoger, ordenar y analizar los datos, indistintamente de la metodología que se use.

Amplitud de la evaluación
La amplitud de la evaluación siempre se verá limitada por la disponibilidad de recursos. Una evaluación sencilla bien planificada puede ser tan útil como otra más compleja.
Hay una variedad de métodos cuantitativos para realizar las evaluaciones del impacto y los resultados. El método experimental, o casi experimental, para demostrar si hubo un cambio o no, constituye la forma más sólida de evaluación de un programa y sirve para detectar modificaciones en los resultados. El tipo de método a utilizar dependerá del propósito y el presupuesto de la evaluación.

Por otro lado, la evaluación de programas no es una evaluación económica (circunscrita a la comparación de intervenciones).  En la evaluación de programas, para la medición de la eficiencia pueden aplicarse estimaciones del costo beneficio, aunque normalmente, en los programas sociales pueden presentarse dificultades importantes al  adjudicar un valor monetario a los logros del programa. 

Ante esto puede utilizarse módulos de costo –eficacia u desarrollar ratios como el costo de persona atendida o el costo por día/persona de hospitalización evitado.  Obviamente, y en tanto que el objetivo que persiguen las evaluaciones de eficiencia, es normalmente contribuir a la toma de decisiones acerca de las más adecuada asignación de recursos, es de gran utilidad establecer comparaciones con los módulos de costo-eficacia de otros programas que, con estrategias diferentes, persigan resultados similares.

La determinación de cuales son todos los efectos, buscados y no buscados, positivos y negativos, que el programa tiene, no solo sobre la población objetivo sino sobre la sociedad o comunidad en su conjunto, recibe el nombre de evaluación del impacto.

La evaluación del impacto supone,  la formulación del juicio de valor global sobre la efectividad del programa, que puede reforzar o desautorizar las conclusiones obtenidas al evaluar la eficacia.  La evaluación del impacto utiliza las mismas técnicas de recolección y análisis de datos que la evaluación de la efectividad y de la eficacia, pero busca sus criterios de juicio en un sistema global de valores, dentro del cual el valor “objetivos del programa” ha de contrastarse con el resto de valores ligados a los procesos y necesidades y comportamientos sociales que han podido verse afectados por el programa.

Limitaciones [3]
-        En  proyectos de inversión de infraestructura física los sistemas de seguimiento se basan en un grupo de indicadores físicos y financieros fácilmente cuantificables, muchos de los cuales no son apropiados para proyectos de desarrollo social debido a que los resultados de estos últimos no son fáciles de identificar o medir.
-        En tal sentido, resulta inapropiado monitorear programas sociales exclusivamente a través de indicadores cuantitativos (como se hace con frecuencia) tales como el número de pacientes o clientes atendidos o el número de personas que asisten a las reuniones de la comunidad. El desempeño de los proyectos de salud o educación debe ser en parte evaluado con base en indicadores  cualitativos tales como la  calidad de los maestros o personal de salud; la calidad y utilidad  de la curricula o protocolos; la efectividad y representatividad de las organizaciones comunales, o la calidad y utilidad de la asistencia técnica provista.
-        Los programas sociales de desarrollo generalmente, usan un enfoque flexible y participativo, en el cual los objetivos del proyecto se definen en consulta con los presuntos beneficiarios y durante la evolución del proyecto. Lo anterior hace difícil que los objetivos sean establecidos al inicio del proyecto y que se defina un marco para la evaluación de objetivos. Para complicar las cosas aún más, es posible que los diferentes actores tengan también  distintos objetivos. En estos casos se debe introducir una mayor flexibilidad en el proceso de evaluación reconociendo el hecho que los objetivos del programa evolucionarán conforme el programa se desarrolle. Lo anterior significa que la evaluación debe describir y evaluar tanto el proceso de implementación como los resultados.
-        Es difícil evaluar y establecer los vínculos entre los resultados de los proyectos y  los impactos deseados. Por ejemplo, la mortalidad infantil, el desempeño escolar o el ingreso familiar se ven afectados por  factores tan diversos que se hace difícil aislar la contribución de un determinado proyecto.  Esta contribución se hace aún más difícil de evaluar cuando los programas tienen objetivos muy generales como aliviar la pobreza o mejorar la participación social y económica de la mujer.

Recomendaciones
-        Siempre será útil desarrollar un modelo del proceso de implementación del programa (en la mayoría de los casos el marco lógico). Tal modelo identifica la premisa sobre la que se basa el proyecto, describe los supuestos en los que subyace el proyecto, describe las estrategias de implementación e identifica los vínculos entre insumos, implementación, resultados  e impactos. El modelo previsto es luego comparado con la experiencia real de implementación,  y establece las razones de los desvíos y explica y examina los resultados no previsto.
-        Se debe pedir a los principales actores y a las organizaciones no gubernamentales que participen en todas las etapas de la evaluación.
-        Es importante establecer un número de indicadores  independientes de resultados clave e impactos para obtener formas más confiables de evaluación y explicación de los resultados y desempeño del proyecto.  Lo anterior normalmente involucra el diseño de  indicadores tanto  cuantitativos como cualitativos. La metodología para reconciliar los distintos indicadores se conoce como triangulación.
-        Los proyectos de desarrollo social están con frecuencia más relacionados con el desarrollo de capacidades en el ámbito comunal y local que con el logro de resultados definidos y precisos. Como consecuencia, se presta mayor atención a la evaluación de los procesos de selección, implementación, operación y replicabilidad del proyecto. Estrechamente relacionado a lo anterior, está el énfasis en la evaluación institucional. Sin embargo, estos proyectos debieran también prestar atención a los resultados que esperan sostener.


Triangulación entre métodos cuantitativos y cualitativos[4]
 Las interrogantes que se desean absolver con la evaluación determinan el tipo de investigación (descriptiva, explicativa o mixta) y los métodos a emplear y el grado de profundidad (este último de acuerdo a los recursos).   

Si se ha definido con anterioridad que interesa utilizar una aproximación cuantitativa y otra cualitativa para responder a la pregunta de investigación, se debe tener en cuenta que al delimitar la muestra del estudio,  que los tipos de muestreos serán diferentes y los procedimientos de selección también.   Debe precisarse, que no se requiere de la misma cantidad de casos en ambas técnicas,  pues para recabar datos utilizando técnicas cualitativas,  cuando los datos obtenidos resultan ser redundantes, se produce el fenómeno de la saturación. Por otro lado, por razones de tiempo y economía, generalmente cuando se usan ambas técnicas, se obtienen muestras de modo independiente.

Desde la aproximación cuantitativa, se puede hablar de variables, situación que estaría supeditada a nivel de medición (nominal, ordinal, intervalo, razón).  De igual modo el tipo de diseño a utilizar definirá cómo será tratada la variable (variable dependiente, independiente).   En cambio, desde la perspectiva cualitativa más bien se habla de dominios, dimensiones y categorías a estudiar.
En otros términos, en la estructuración de una investigación con métodos cuantitativos se definen variables conceptual y operacionalmente.

Sin embargo, en la investigación cualitativa, en vez de identificar variables dependientes e independientes, lo que se busca es reconocer dimensiones del problema que se investiga, dimensiones que posteriormente serán investigadas con mayor acotamiento y profundidad.

Así, desde una perspectiva cuantitativa, los datos a obtener ya estarían delimitados a priori a partir de las variables definidas y su operacionalización. En cambio, desde una perspectiva cualitativa, los datos que se obtienen podrían dar cabida a otros datos y sus relaciones, distintos a los concebidos inicialmente en nuestra pregunta de investigación.

Lo más frecuente es que los reportes cuantitativos y cualitativos en una primera fase se obtengan de un modo independiente. En una segunda fase, la que se denomina de integración, es donde se les hace dialogar. En otras palabras se hace que la información cuantitativa se complemente con la información cualitativa y viceversa.

Algunas preguntas a este respecto, podrían ser: ¿Lo encontrado a nivel cuantitativo tiene correlatos en lo cualitativo? ¿Existen otros aspectos que no han sido hallados en lo cuantitativo que sí fueron encontrados en lo cualitativo? ¿Desde lo cualitativo surgen nuevas preguntas que no teníamos consideradas o que no tuvieron cabida desde la investigación cuantitativa y viceversa?


[1] Evaluación de programas sociales. Cesáreo Amezcua Viedma, Antonio Jiménez Lara,1996
[2] Fuente: La Teoría de la Evaluación de Programas. Catalina Martínez Mediano.
El documento señala que como disciplina, la evaluación de programas debe desarrollar su propia teoría, y los métodos, en vez de ser tratados como un fin en sí mismos, deben ser considerados como medios para favorecer el desarrollo del conocimiento. Como dice Bickman (1987) la evaluación es, a menudo, considerada como una ciencia práctica, pero es ambas cosas, una práctica y una ciencia que requiere de su propia teoría.
[3] Fuente:  Joseph Valadez and Michael Bamberger, editors. Monitoring and evaluating social programs in developing countries: A handbook for policymakers, managers, and researchers. (EDI Development Studies, World Bank, 1994)
[4] Fuente: La Triangulación entre Métodos Cuantitativos y Cualitativos en el Proceso de Investigación. Aldo Vera C., Marcelo Villalón C.